Por Clara Luz Roldán, directora colegiada Partido de la U
El mundo atraviesa una etapa de redefiniciones profundas y Colombia no está al margen de esa realidad. Las decisiones que se toman hoy, dentro y fuera de nuestras fronteras, están marcando el rumbo político, económico y social de los países. Este 2026 no es un año más: es un año decisivo.
En Estados Unidos, el regreso de Donald Trump al centro del poder ha reactivado una agenda internacional marcada por el proteccionismo, la presión geopolítica y el uso de la economía como herramienta de poder. Sus decisiones ya generan efectos directos en América Latina, especialmente en países con economías frágiles o altamente dependientes de la inversión extranjera.
Venezuela, por su parte, comienza a enviar señales de apertura. Tras años de aislamiento, hoy se anuncian reformas para atraer capital extranjero y reactivar sectores estratégicos como el energético. Más allá de las posturas ideológicas, el mensaje es claro: los países compiten por inversión, estabilidad y confianza, y quien no se prepare, se queda atrás. Pero en este país lo más importante que esperamos este año, es que haya una transición ordenada y justa del poder, para que cientos de miles de venezolanos puedan regresar a su país, y la democracia allí sea reestablecida pacíficamente.
En la región, las tensiones tampoco son ajenas. La reciente disputa comercial entre Colombia y Ecuador — con aranceles, restricciones y decisiones unilaterales — evidencia que la integración regional no se sostiene sola. Requiere diplomacia, liderazgo político y un Congreso capaz de pensar el país en clave estratégica, no improvisada.
En este contexto internacional complejo, Colombia enfrenta un momento definitivo de decisión interna. Las elecciones legislativas de este año no son un trámite político; son el punto de partida para definir si el país contará con un Congreso que legisle con responsabilidad, visión social y sentido de Estado.
Como mujer, como dirigente política y como alguien que ha dedicado su vida al servicio público, sé que las decisiones del Congreso impactan directamente la vida de la gente. La salud no se defiende con discursos, sino con leyes viables y sostenibles. Los derechos de las mujeres no avanzan solos; requieren voluntad política real. El deporte — que transforma vidas, previene violencia y abre oportunidades — necesita políticas públicas estables, no promesas de campaña.
Por eso, el voto es una herramienta de poder ciudadano. Cada colombiano que decide ir a las urnas está decidiendo el tipo de país que quiere habitar: uno dividido, paralizado y sin rumbo, o uno que entiende que la unión es la base del progreso.
Desde el Partido de la U, creemos firmemente que Colombia avanza cuando construye consensos, cuando protege a sus regiones, cuando invierte en su gente y cuando entiende que la estabilidad política es la base del desarrollo económico y social. Nuestra historia, nuestro trabajo por la salud, la mujer, el deporte y las regiones así lo demuestran.
Este año, Colombia se la juega toda. No votar no es neutralidad; es renunciar a decidir.
Ir a las urnas es asumir un compromiso con el presente y el futuro del país. Porque la democracia se defiende participando, porque el voto es el motor de Colombia y porque hoy, más que nunca, la “Unión es nuestra Fuerza”.
Salgamos a votar este 8 de marzo para elegir el nuevo Congreso de la República que llevará la responsabilidad de las grandes transformaciones de país para los próximos cuatro años.


