Por: Representante Erasmo Zuleta

Desde su creación en 1962 el Instituto Colombiano Agropecuario –ICA- ha sido un brazo fundamental del Estado para impulsar al campo colombiano. Esta institución, que tiene casi 60 años de historia, se ha consolidado como un actor clave a la hora de fortalecer el agro nacional. Por lo tanto, recibí en días pasados con gran preocupación la noticia de que se está discutiendo la posibilidad de privatizarlo. Así lo contempla el acuerdo número 02 de 2020, donde básicamente se desmantela a esta institución y se les entregan varias de sus funciones a terceros autorizados. Hacer esto sería una cachetada al agro colombiano justo en el peor momento que podría caerle.

Hay dos argumentos bastante cuestionables a favor de la tercerización de sus funciones. El primero es que esta entidad presenta serios problemas de tipo administrativo que no le permiten funcionar como debería hacerlo. El segundo, que este modelo de privatización ha sido exitoso en países de la región como Perú, Chile y Argentina.

El primer argumento básicamente se apoya en un pensamiento facilista que reconoce la incompetencia de las cabezas de dicha institución. ¿No es mejor apuntarle a identificar estas falencias y asumir el reto de solucionarlas? Este argumento también deja a un lado el hecho de que tan solo en 2019 el ICA dejó de ejecutar más de 63 mil millones de pesos que le habían sido asignados como parte de su presupuesto anual. Si esa cifra hubiese sido bien ejecutada, habría sido un gran aporte para el agro nacional. Por lo tanto, en lugar de acabar con esta institución y entregarla a contratistas hay que fortalecerla como aliado del Presidente en su cometido de saldar la deuda histórica del Estado con el campo. Según esta lógica de pensamiento todas las instituciones estatales colombianas deberían cerrar, porque todas tienen falencias.

El segundo argumento desconoce que a Colombia no le ha ido bien calcando modelos que han sido exitosos en otros países. Decir que si en otros países funciona aquí también lo hará es olvidarse de las condiciones particulares que tiene nuestro contexto. Más aún en estos momentos, donde el país enfrenta una crisis que ha sorprendido a todo el planeta y nadie estaba preparado para ella. Es incoherente que justo en estos momentos, donde nuestros campesinos que han trabajado como héroes para garantizar los alimentos que tenemos en nuestra mesa, les demos la noticia de que el ICA será privatizado.

En este espacio he sido reiterativo en que desde el primer momento que llegué al Congreso de la República el agro colombiano iba a estar entre mis prioridades. Quiero dejar claro que seré un aliado incondicional de cualquier iniciativa cuyo objetivo sea convertir al campo nacional en fuente de riqueza y progreso. La tercerización de varias de las funciones del ICA representa todo lo contrario a aquello que me comprometí a apoyar. Ceder ante una propuesta de esta índole es sacrificar los sueños y el bienestar de millones de campesinos ante el beneficio individual del bolsillo y los intereses de unos cuantos particulares. Entre otras, no está claro en este modelo de tercerización cual sería el alcance de las responsabilidades disciplinarias y fiscales si llegasen a existir.

De la misma manera quiero precisar que tras una conversación con el Ministro de Agricultura, el también cordobés Rodolfo Zea, recibí un parte de tranquilidad donde fui notificado de que este acuerdo que buscaba privatizar el ICA fue frenado. No tengo duda en que el Doctor Zea también es un gran conocedor de la cartera que dirige y que comparte conmigo el compromiso con el campo colombiano. Confío en su buen criterio a la hora de debatir temas de vital importancia como este. Además, si se fuera a privatizar el ICA, esta iniciativa debería estar sometida a un proceso donde fuera posible escuchar las voces de pequeños agricultores quienes seguramente se opondrán a ello.

Actualmente el ICA adelanta proyectos fundamentales para potenciar al campo nacional. Hace poco se logró la certificación de que somos un país libre de Aftosa. También estamos en el proceso de conseguir las certificaciones de buenas prácticas ganaderas y agrícolas, requisito para exportar alimentos a varios países de Centroamérica. De igual manera, el ICA podría contribuir a que pequeños agricultores accedan a apoyos económicos estatales pues actualmente un 75% de ellos no tiene acceso a dichas ayudas. Naturalmente que lo anterior constituye toda una serie de retos por superar, pero privatizar al ICA no es la solución a nada; es desbaratar lo que se ha logrado y abortar lo que se viene a futuro.

Quiero finalizar recalcando que en tiempos de pandemia nuestros campesinos se han convertido en todo un ejemplo de resiliencia. Desde su labor, que solo es comparable con la que desempeña el personal de salud en hospitales del país, luchan por preservar aquello que debería ser la única prioridad en estos días difíciles; la vida. A todos esos campesinos que incansablemente madrugan con el canto de un gallo en la Colombia rural para cuidar los alimentos de nuestros hogares, quiero dejarles claro que desde el Congreso de la República velaré por su bienestar.

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